ANÁLISIS
El material de construcción es piedra, y se evidencia en arcos y columnas, que conservan el color gris natural de la misma.
En los elementos constructivos vemos los siguientes rasgos:
El muro, que juega un papel importante en la obra, está tratado con gran plasticidad; lleva amplios ventanales -en la parte alta de la nave central -, y óculos en las laterales.
Los soportes son de diversos tipos:
• Columnas corintias, de proporciones clásicas, en la separación longitudinal de las naves. Portan un entablamento individual, a modo de segundo capitel o ábaco.
• Pilares cruciformes, en el crucero.
• Pilastras corintias, someras y acanaladas, en la entrarla de las capillas laterales, y adosadas a los pilares del crucero. Por sus dimensiones vemos la existencia de dos órdenes: uno mayor, que justifica el entablamento corrido que recorre el muro de la nave central, y otro menor, ajustado a las medidas de las columnas.
• Ménsulas, bajo el entablamento ya descrito.
Los arcos utilizados, tanto en las arquerías de separación de la nave central como en la entrada de las capillas laterales, son de medio punto.
Las cubiertas presentan diferentes soluciones:
• Cubierta plana, decorada con artesonado, en la nave central.
• Bóvedas vaídas cuadradas en las naves laterales.
• Bóveda de cañón en las capillas laterales.
• Cúpula sobre pechinas en el transepto y las sacristías.
La decoración se basa en motivos arquitectónicos: columnas y pilastras corintias, pus entablamentos, los arcos... Son motivos tomados de la Antigüedad clásica, según apreciamos en los frisos de los entablamentos individuales de las columnas, o en los mismos casetones de la techumbre de la nave central.
Es interesante el papel decorativo concedido a la alternancia de colores gris oscuro -pietra serena (Pietra serena: Término italiano que se refiere a la piedra gris de Florencia, muy usada a partir de Brunelleschi, para destacar determinado, elementos arquitectónicos.), de arcos y soportes, y blanco liso del enlucido de los muros y bóvedas.
Los valores plásticos se orientan a lograr la perfección formal pura, de armónica simplicidad y
claramente inteligible. Un principio básico de simetría y proporción rige la obra y controla todas las dimensiones.
Es una proporción aritmética, basada en relaciones matemáticas simples y cuyo módulo, probablemente, será el radio de la columna. Todo está sometido a esta sistematización, pero en sus relaciones se diferencian cuatro medidas que corresponden a:
• Cuadrado del crucero, dimensión fundamental en la construcción
• Intercolumnio del orden menor
• Altura de los dos órdenes de soportes, que determinan la altura de las cubiertas.
En planta las proporciones responden a la relación 1/2 y 1/4, no sucediendo lo mismo en el alzado.
La armonía es consecuencia de esta proporción, así como de la ordenación rítmica de los elementos en secuencias de motivos iguales. Al igual que en el caso crea control geométrico, la regulación armónica de las partes corre a cargo de los órdenes, generadores del módulo.
El espacio interno se define, en primer lugar, por la homogeneidad que caracteriza al tratamiento de los muros, su articulación, etc. Es además estático, claramente inteligible, y abarcable por el hombre.
No está formado por tratados autónomos, sino que es un sistema de relaciones, ajustado a los criterios de la perspectiva lineal. La pirámide visual se evidencia a través, de líneas horizontales dominantes, que convergen en un hipotético punto de fuga, que se situaría en la cabecera de la construcción. Las coordenadas espaciales se ven reforzadas por la disposición de los casetones del techo y las divisiones del pavimento, especialmente el eje oscuro del centro del mismo, que invita en una dirección. La perspectiva garantiza la
proporcionalidad de las imágenes, su armonía y equilibrio.
La articulación en tres ambientes se ha realizado de una forma racional, sirviéndose del diferente nivel dado a las cubiertas en las naves, de acuerdo con la altura de los dos órdenes arquitectónicos que se emplean. De este modo no se resta diafanidad ni posibilidad de comprensión a primera vista.
El color y la luz han sido tratados de tal modo que colaboran a este resultado. Se ha evitado la dispersión cromática, que desenfocaría las líneas visuales y, en su lugar aparece una bicromía tajante -gris/blanco-, que ayuda a definir y medir.
La luz, por su parte, procede de vanos-ventanas y óculos-, no muy grandes, en la parte alta del muro. Es una luz natural -no existen vidrieras que la filtren- cuyo efecto se acentúa sobre los paramentos enlucidos. Proporciona iluminación interior, claridad, diafanidad, perfecta visibilidad de los elementos arquitectónicos, delicada gradación de luces y sombras, configurando un espacio arquitectónico ideal controlado intelectualmente por el hombre.
COMENTARIO
Hemos destacado en el análisis algunos rasgos, como el uso de elementos formales tomados de la Antigüedad clásica, el rigor compositivo, interés por la proporción y perspectiva, encuadran esta obra dentro de la arquitectura renacentista.
Su pertenencia a la etapa del Quattrocento se deriva de datos como la proporción de las columnas, más esbeltas de lo canónico en el orden utilizado, la libertad de medidas altimétricas respecto a las planimétricas, en las pilastras adosadas de la zona del crucero, entablamentos individuales sobre las columnas...
Por lo que tiene de búsqueda metodológica y replanteamientos, que le dan un carácter revolucionario y abierto al futuro, se ve que su autor fue Filippo Brunelleschi, el principal arquitecto florentino de la primera generación.
Existen, por último, ciertas incoherencias compositivas (por ejemplo, las pilastras que separan los arcos de las capillas laterales no arrancan a nivel del suelo, como las columnas situadas frente a ellas, sino de unos escalones), que nos hacen pensar en una obra temprana: S. Lorenzo de Florencia.
Es una iglesia, que responde a una función religiosa y litúrgica que se refleja en la elección de la planta basilical, derivada de un modelo paleocristiano y tiene, además, un importante contenido simbólico.
Desde fines de la Edad Media se han producido una serie de cambios que cristalizan en el Renacimiento y su nuevo concepto del hombre y la vida: interés por lo terreno, conciencia individual, fe en la razón y las capacidades creadoras...
El hombre renacentista cree en un Universo ordenarlo, reflejo de la perfección divina, y lo concibe en términos numéricos: sus consideraciones sobre proporciones no se basan en la geometría, como las medievales, sino en la aritmética.
La arquitectura es una ciencia matemática y, por tanto, capaz de visualizar el orden cósmico, pero este valor simbólico, sin embargo, no se conseguirá con la desmaterialización y espiritualización del espacio, sino mediante la racionalización y perfección del mismo: serenidad, homogeneidad y claridad de comprensión son los frutos de un orden métrico armonioso, logrado por la proporción y perspectiva.
Las obras de este estilo se caracterizan por una «mística del número», nacida de la fusión del humanismo y cristianismo: Pitágoras, Vitruvio, la Biblia y S. Agustín fueron las fuentes de inspiración de las «rationes» (medidas reguladas), gran obsesión de los arquitectos de este momento y hay que esperar a momentos posteriores para que tengan carácter laico.
Por estas razones el edificio es una totalidad unificada y significativa, donde nada sobra ni falta. A través de un nuevo lenguaje arquitectónico que rescata las técnicas constructivas y repertorio ornamental del mundo clásico en una libre interpretación, expresa la imagen existencial del Renacimiento, a la vez que potencia la libertad creativa y eleva la técnica a nivel ale reflexión intelectual.