Como dijo el director D. Ramón Brotons a principios de 1951 en una carta al rector de la Universidad de Valladolid:

Al estallar el Glorioso Alzamiento Nacional, el Frente Popular que dominaba esta Ciudad, requisó el inmueble, estableciendo en él un Hospital de sangre, en cuyo destino continuó al ser liberada esta plaza por las invictas tropas nacionales. Más tarde dejó de funcionar el Hospital en el edificio y pasó a servir de Cuartel de la Guardia Civil. Al ser desalojado por este cuerpo, se hizo cargo el Instituto del edificio, pero sin poderlo utilizar de momento, dadas las malas condiciones en que se encontraba tras los diversos usos a que había sido destinado, especialmente en el primero en el que ya debió desaparecerla mayor parte de mobiliario, ropa, menaje y documentación relativa al servicio de residencia para que había sido construido. Poco tiempo después y sin ninguna orden escrita, fue ocupado por F.E.T. y de las JONS., que estableció en él sus servicios y dependencias, con las cuales sigue ocupado en la actualidad sin abonar ninguna renta.

Se inicia, pues, con el curso 1937-38 una nueva etapa en el Instituto de Torrelavega. Hay una baja sensible tanto en el número de profesores como, sobre todo, en el de alumnos; así cuando comenzó este curso sólo había doce profesores bien es verdad que en los dos cursos anteriores también había descendido el número de profesores respecto a los dos primeros años académicos pasando 17 docentes en 1932-33 y 1933-34 a quince y trece en 1934-35 y 1935-36- y 162 alumnos oficiales, 91 chicos y 71 chicas.

Por otro lado, el curso debe empezar muy tarde ya que el edificio del instituto está muy deteriorado; por una parte los efectos de un bombardeo de aviación (13), el uso del centro como cuartel por parte de un batallón de infantería y el pillaje que produjo el abandono del edificio. En efecto, a últimos de septiembre de 1937, una vez desalojada la unidad de infantería que ocupaba el edificio desde el mes de agosto ocupación que trajo consigo la desaparición o deterioro de gran parte del mobiliario y material docente, se inician las obras de reparación de los "desperfectos ocasionados por el bombardeo de la aviación en el edificio de este Instituto de 2ª enseñanza...", según carta del director que seguía siendo D. Abel Ramos Escudero, al Presidente de la Comisión de Cultura de la Junta Técnica del Estado, del 15 de septiembre de 1937.

En el Boletín Oficial del Estado nº 222, correspondiente a agosto – sin poder precisar en este momento la fecha exacta – de 1939, aparece una orden firmada por el Jefe del Servicio de Enseñanzas Superior y Media, Tomás Domínguez Arévalo, de 5 de agosto de ese año, según la cual se suprimían todos los Institutos de España, excepto 54. En los edificios sobrantes se organizarían trece institutos femeninos y con el resto, podrían organizarse Colegios. Las causas de esta orden eran bastante acordes con la ideología vencedora: «La política docente de la República, fundada principalmente en la sustitución de la enseñanza dada por las Órdenes Religiosas, creó un crecido número de Centros de Enseñanza Media, innecesarios a todas luces…Reorganizada la Enseñanza Media y siendo preciso iniciar una política de austeridad y siendo preciso iniciar una política de austeridad adecuada a las posibilidades de la nación…sin olvidar el problema planteado por la coeducación, que obligará a transformar algunos de los existentes en Centros femeninos…»

La noticia movilizó a las fuerzas vivas de la ciudad…vamos a las que quedaban y el propio alcalde, Pedro José de Cos, se pone al frente de un movimiento secundado por algunas de las empresas más importantes de la zona como la Real Compañía Asturiana de Minas, Solvay, la Granja Poch e instituciones como la Cámara de Comercio y el propio Ayuntamiento que, en conjunto, aportan 29.000 Ptas. Los profesores renunciarían a los ingresos extraordinarios. Parece que la movilización surtió efecto y el curso 1939-40 pudo comenzar, aunque un poco más tarde de lo normal

Nos encontramos en estos años cuarenta con un centro de enseñanza media que languidecía lentamente, con un preocupante y continuo descenso de la matrícula oficial, con un estancamiento en el número de profesores y con una insuficiencia en lo material que no permitía abrigar muchas esperanzas en su futuro. Sin duda, los efectos de la Guerra Civil y de la inmediata posguerra fueron muy duros para la inmensa mayoría de la población y para las instituciones que posibilitaban y facilitaban la promoción de las personas.

El 28 de septiembre de 1994 se produjeron unas copiosas lluvias que agravadas por el hecho de que la empresa constructora del aparcamiento subterráneo del Boulevard Demetrio Herrero puso diques en torno a la obra, diques que desviaron el agua hacia la avenida España y hacia el Instituto cuyas estancias más bajas – especialmente el Salón de Actos – quedaron gravemente afectadas.

 

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