Por aquí han pasado más de 60.000 vidas distintas, todas dispares, con ilusiones diferentes, con una problemática humana tan diversa, que seria imposible hacer mención de las personalidades mas notables dentro de la vida de nuestro instituto sin faltar a la verdad, podríamos estar contando anécdotas y personalidades mas allá de los renglones que nos presta esta página Web, por lo que haremos mención a los datos mas relevantes de estos 75 años.

Numero de alumnados

El 36-37 es el de menor número de alumnos oficiales matriculados de la historia del centro, con setenta y dos. No obstante el año se perderá, académicamente hablando, ya que se anulan matrículas y exámenes a causa del conflicto.

Se inicia con el curso 1937-38 una nueva etapa en el Instituto de Torrelavega. Hay una baja sensible tanto en el número de profesores como, sobre todo, en el de alumnos; así cuando comenzó este curso sólo había doce profesores bien es verdad que en los dos cursos anteriores también había descendido el número de profesores respecto a los dos primeros años académicos pasando 17 docentes en 1932-33 y 1933-34 a quince y trece en 1934-35 y 1935-36 y 162 alumnos oficiales, 91 chicos y 71 chicas.

Por otro lado, el curso debe empezar muy tarde ya que el edificio del instituto está muy deteriorado; por una parte los efectos de un bombardeo de aviación (13), el uso del centro como cuartel por parte de un batallón de infantería y el pillaje que produjo el abandono del edificio. En efecto, a últimos de septiembre de 1937, una vez desalojada la unidad de infantería que ocupaba el edificio desde el mes de agosto ocupación que trajo consigo la desaparición o deterioro de gran parte del mobiliario y material docente, se inician las obras de reparación de los "desperfectos ocasionados por el bombardeo de la aviación en el edificio de este Instituto de 2ª enseñanza...", según carta del director que seguía siendo D. Abel Ramos Escudero, al Presidente de la Comisión de Cultura de la Junta Técnica del Estado, del 15 de septiembre de 1937.

1937 Otra novedad respecto a cursos anteriores fue la separación de sexos entre el alumnado: de 9 a 1 de la mañana las alumnas y de 3a 7 de la tarde los alumnos. Es fácil pensar que esta duplicidad de horarios redundaba en perjuicio del profesorado.

Además y tras un fugaz aumento de número de matrículas oficiales en el curso 38-39, por encima incluso de los niveles anteriores a la guerra y posiblemente con alumnos que dejaron de estudiar momentáneamente a causa del conflicto civil, asistimos a una" lenta pero incontenible decadencia de la matricula.

Debe tenerse en cuenta que en el curso 1966-67se superaron con creces los 1.200 alumnos, y cuando su capacidad apenas rebasaba el millar y que unos años más tarde se sobrepasará la cantidad de 1.500 estudiantes oficiales, si bien es verdad que en esos momentos se computa el alumnado de la Sección Delegada de Torres. A la vista de estas cifras, podrá comprenderse en parte los complicados y calculadísimos equilibrios que tenía que hacer el equipo directivo de D. José López Hoyos para aprovechar cada minuto y cada metro cuadrado con el fin de albergar al creciente número de jóvenes que se formaban a la sombra del «Marqués de Santillana». A finales de la década la situación era muy grave. Afortunadamente, la inauguración de la Sección Delegada de Torres, posteriormente centro independiente, mejoró definitivamente el panorama en este sentido.

En los últimos cursos, concretamente desde el 79-80 es posible detectar un cierto estancamiento, incluso retroceso, en lo que se refiere a la matricula, descenso que es más apreciable en los estudios nocturnos, mientras que la matricula diurna se mantiene casi constante. Esta tendencia parece apreciarse no sólo en el Instituto "Marqués de Santillana", sino que parece ser de carácter más general en todo el territorio nacional, aunque la comprobación empírica de este fenómeno desbordaría los límites de este estudio.

Entrando de lleno en el análisis de los datos correspondientes a la matrícula anual podemos observar que hay cinco épocas bien definidas, de alguna manera relacionadas con el aumento de la capacidad de absorción de alumnado del Instituto, sin olvidar – no obstante – que dicho aumento estaba impulsado, precisamente, por el propio crecimiento natural de la matrícula o, posteriormente, por el cambio de planes de estudios o por la creación de nuevos institutos en la ciudad o en sus alrededores.


Esas cinco etapas son, en lo que a matrícula diurna se refiere:


a)      Periodo comprendido entre el curso 1932-33 y el 1949-50.
Estos primeros cursos podrían ser divididos a su vez en dos épocas. Una anterior a la Guerra Civil y otra posterior, separadas por un profundo mínimo en el curso 1936-37, de hecho el curso con menos matrícula – un total de 72 alumnos – de toda la historia del Centro.
Esta primera etapa se caracteriza por un escaso número de matrículas, número que, salvo algunos cursos – los 1932-33, 1933-34, 1937-38, 1938-39 y 1946-47 –, fue en continuo descenso hasta llegar al curso 1949-50 en que se llegó a otro mínimo, el segundo mayor de la andadura del Centro, con 129 alumnos. A partir de este curso, se iniciará una lenta pero segura recuperación, dando paso a otra etapa que analizaremos posteriormente.
En estos primeros cursos cabe plantearse una pregunta obvia de difícil resolución, no obstante ¿cómo hubiera evolucionado la matrícula de no haber tenido lugar la Guerra Civil?. Aunque no sea correcto entrar en la especulación y en la hipótesis en este caso, no es muy descabellado suponer que, aunque menos acentuado, el descenso iba a producirse igualmente ya que éste comenzó a apuntarse en los momentos inmediatamente anteriores al conflicto. Pero la profunda crisis económica y social posterior a 1939 hará que la matrícula llegue a alcanzar niveles incluso inferiores a los que hemos comprobado para los primeros cursos.
El máximo a que se llegó en el curso 1938-39 con 308 alumnos, se logró con aquellos que no pudieron matricularse en los dos cursos anteriores a causa del conflicto civil.
Así que, en conjunto, un periodo de retroceso casi continuo directamente producido por la Guerra Civil, además de un mínimo secundario en el curso 1949-50 que marca el final de esta primera etapa depresiva, utilizando términos económicos.


b)      Etapa comprendida entre el curso 1950-51 y el 1968-69.
Es justamente al finalizar la década de los cuarenta cuando, tras varios cursos de profunda tendencia a la baja, se produce un «cambio de coyuntura». Se inicia en el curso 1950-51 un proceso radicalmente opuesto al que habíamos observado durante el decenio anterior, esto es, un ascenso continuado del número de matrículas oficiales.
Este despegue es algo titubeante durante la primera mitad de la década de los cincuenta, pero se va reforzando a finales de ésta por la, en un principio, escasa matrícula de los alumnos nocturnos. Sorprendentemente este ascenso ininterrumpido se cortará bruscamente en el curso 1959-60 a causa de un importante descenso del número de alumnos y alumnas matriculadas en los tres primeros cursos, seguramente como consecuencia de la extensión generalizada del nuevo plan de estudios ideado por el equipo del ministro de Educación Nacional de aquel entonces, Jesús Rubio García-Mina.
Pero tras este brevísimo paréntesis se reanuda, aún más intensa, pronunciada y sostenida, la ascensión de la matrícula. Elevación que, como se aprecia en el gráfico, sufre una breve y leve desaceleración en los cursos 1963-64 a 1965-66 debido seguramente a la puesta en funcionamiento de la Escuela de Formación Profesional. Pero a continuación, la gráfica se remonta hasta superar con creces el límite de los 1.060 alumnos que era la máxima capacidad para la que había quedado preparado el Instituto «Marqués de Santillana» tras las reformas de finales de los años cincuenta. Este impulso ascendente concluye en los curso 1967-68 y 1968-69 donde se registran los máximos de matrícula de la historia del Centro. Es muy probable que esta altísima cifra sea debida a que en estos momentos se contabilicen conjuntamente los alumnos del «Marqués de Santillana» y los de la Sección Delegada de Torres, que tenía matriculados en ese curso 353 alumnas. A partir de este momento, se inicia una nueva etapa.
Son, pues, éstos unos años caracterizados por un casi continuo crecimiento – algunos años en torno a un 20% con respecto al curso anterior – con una media de algo más de un 6% por curso.
Una nueva etapa que, en nuestra opinión, viene impulsada por tres factores:

  1. Acción del nuevo equipo directivo, encabezado por D. Ramón Brotons Jover.
  2. Joven profesorado, llegado al Instituto en los últimos años de la década de los cuarenta.
  3. Mejores condiciones económicas y sociales tras la larga posguerra, lo que se traduce en que se matriculan más alumnos varones superando a las chicas, tras varios años de predominio femenino, debido sin duda a la necesidad del trabajo joven masculino en el mantenimiento de los hogares españoles de la época, situación que debió mantenerse hasta bien entrados los años sesenta.

c) Periodo comprendido entre los cursos 1969-70 y 1974-75.
La nota dominante de esta época, desde la perspectiva de la matrícula anual, es la de la inestabilidad. En efecto, junto a cursos con un claro aumento del alumnado, hay otros con grandes descensos. Pero, pese a esta inestabilidad, es claro que la tendencia es a la baja, hasta llegar en el curso 1974-75 a descender por debajo del millar de alumnos – algo menos del límite de capacidad del Centro – tras una serie de ascensos y descensos alternativos. En el siguiente curso se invertirá la tendencia volviendo a iniciarse otra etapa ascendente que analizaremos posteriormente.
La nula estabilidad de la gráfica es producida por dos causas que aparecen sucesivamente:

  1. En primer lugar, la apertura de la Sección Delegada de Torres – posteriormente Instituto «Besaya» que detrae alumnas del «Marqués de Santillana».
  2. Y en segundo término, por la progresiva implantación del nuevo plan de estudios – correspondiente al ministro del ramo Villar-Palasí – que comenzó con la sustitución del PREU por el COU en el curso 1971-72 y que hizo que se pasase progresivamente de seis cursos de bachillerato más el PREU a solamente tres cursos de B.U.P. más el C.O.U., con pérdidas en pocos años de más del 50% del alumnado en cifras absolutas.

En estos años hay, importantes descensos que en algunos casos se acercan al 30% respecto del curso anterior y con una media por curso de casi un 15%, porcentajes que dicen bastante por sí solos de la sangría que representaron para el Centro las dos causas antes citadas.
d)      1974-75 hasta el curso 2001-2002.
El curso 1974-75 marca otro de los mínimos más profundos de todas las etapas anteriores, con cifras absolutas tan bajas en la matrícula como las registradas en el inicio de los años sesenta, bastante por debajo del millar de alumnos. Los agobios de la década de los setenta parece que van siendo superados y el «Marqués de Santillana» recupera lentamente su capacidad máxima – 1.060 plazas -. Para el curso 1976-77 la matrícula, volviendo a sus niveles normales, se estabiliza tanto en términos absolutos como relativos. Desde este curso hasta el 1982-83 sus variaciones porcentuales son insignificantes, siendo inferiores curso a curso al 1% a lo largo de todo este periodo.
Ha entrado, pues, el Centro en una dinámica de relativa calma – valga la paradoja -, sobre todo si lo comparamos con los continuos vaivenes de los años sesenta y principios de los setenta. En efecto, durante estos últimos años la matrícula fluctúa, con ligeras variaciones, en torno a los 1.100 alumnos. Esta dinámica se trunca en el curso 1983-84 en que la matrícula cae ya definitivamente por debajo de los 1.000 alumnos. La apertura del Instituto nº 3, posteriormente Instituto «Garcilaso de la Vega», provocará que sea muy difícil recuperar la matrícula que se mantiene durante gran parte de los años 90 fluctuando entre los 900 y los 800 alumnos. A partir del curso 1996-97, esa tendencia descendente se pronunciará aún más con bajadas de más de un 10% con respecto al curso anterior en algunos casos. El descenso demográfico, junto con la apuesta de la Administración por la Formación Profesional, provoca que los estudiantes de bachillerato vayan siendo cada vez menos en el conjunto del sistema educativo.


e)      Cursos 2001-2002 hasta el 2005-2006.
El comentario final realizado para concluir el anterior epígrafe, puede servir para argumentar el descenso de matrícula en el Instituto «Marqués de Santillana» en los últimos años. En este último curso, apenas se superan los números de finales de los años cincuenta. No parece que la aportación de estudiantes procedentes de los flujos inmigratorios, consigan insuflar suficiente viento a las alicaídas velas de la matrícula en estos momentos.


En el Claustro celebrado el 27 de enero de 1992, la profesora Albertina Sañudo pregunta sobre qué se puede hacer con los alumnos que repiten un año tras otro. La respuesta del Director pone de manifiesto la necesidad de un servicio psicopedagógico.

En las reuniones de los claustros de ese curso se comprueba una y otra vez que el tema más recurrente es la realización de las guardias, la vigilancia del comportamiento de los alumnos y cuestiones relacionadas con la disciplina de éstos;
En el primer claustro de ese curso, no obstante, la discusión toma otros derroteros ante los malos resultados académicos de algunos cursos. Las intervenciones de los profesores denotan cierta impotencia ante la actitud de muchos alumnos a los que no les interesan los estudios, pero que, con su actitud, boicotean las clases y perjudican a los alumnos que sí quieren aprovechar su estancia en el Instituto. Aunque se habían experimentado una serie de estrategias para solucionar el problema, los resultados habían sido negativos y hasta contraproducentes. Se acaba señalando la necesidad de la creación de un Departamento de Orientación. El profesor Roberto Nebot, señala que hasta que eso suceda los padres podrían contratar a un psicólogo. Juan Gandarillas opina que una cosa es orientación y otra disciplina y que esta última es competencia del Jefe de Estudios o del Director.

En la Memoria de ese curso 1992-93 se señalan algunos de los aspectos que deben mejorarse. Uno de ellos es el elevado absentismo de los alumnos de nocturno; como dice la Memoria «algunos de los alumnos matriculados no llegan a aparecer nunca por clase y otros muchos abandonan a las pocas semanas de comenzar». Pero en el turno diurno los problemas eran de otra índole, sobre todo de disciplina en el tramo final del curso y de suciedad: «La extensión de la costumbre de comer pipas y chucherías en el instituto convierten el edificio en un lugar que apenas se ve limpio en ningún momento». El aumento de las entrevistas de los tutores con los padres, provoca que el espacio destinado a salas de visita se haya vuelto insuficiente. Según la Memoria, la existencia de un Departamento de Orientación paliaría el problema.

En el curso 93-94 comienza el intercambio de alumnos del Instituto con Alemania para lo cual el Ministerio de Educación y Ciencia aporta 700.000 Ptas.
Esta es una de las actividades más interesantes que se desarrollaron en el Instituto «Marqués de Santillana» y que comienza en este curso. Dentro de la amplia oferta de enseñanzas del Centro, un total de 58 alumnos estudiaban alemán. El centro educativo alemán de intercambio era el Gesamtschule Lohbrügge, situado en Bergedorf, cerca de Hamburgo. El intercambio se realizaría entre los días 11 y 19 de abril, mientras que los alumnos alemanes visitarían Torrelavega entre el 5 y el 15 de septiembre. El presupuesto para 20 alumnos y 2 profesores de esta primera expedición superaba ligeramente el millón de pesetas.

La experiencia de los alumnos en Alemania fue muy buena. Especialmente impresionados, según la memoria correspondiente, quedaron con la visita al campo de concentración de Neuengamme.

En una reunión celebrada el 1 de julio de 1996, el Consejo Escolar decide hacer abonar a los responsables los desperfectos y roturas ocasionadas por los alumnos que hasta ese momento ascendían a la importante cantidad de 362.220 Ptas. Las persianas y las mesas eran

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