En la mayor parte de las ocasiones, los maestros estaban pagados por los propios concejos. El maestro de Torrelavega, Juan Antonio Iduela, percibía un salario anual de 450 reales. No era una retribución muy elevada, antes bien, no debía permitirle vivir con un gran desahogo. Estos niveles salariales nos hacen intuir que tampoco debía ser muy elevada su consideración, situación que también hemos observado en las primeras décadas del siglo XIX. No era, a mediados del Siglo de las Luces, infrecuente el simultanear el desempeño docente con otras labores. Desde luego la situación más común era el compartir el magisterio con las labores del campo – por otra parte, era la situación más común en las áreas rurales y en las villas pequeñas a mediados del siglo XVIII , lo que ayudaba a superar las dificultades económicas de la mayoría de los maestros. En Viérnoles, sabemos que el maestro del lugar desempeñaba también el oficio de notario apostólico. Por ambos desempeños ingresaba la cantidad de 1.100 reales de vellón, lo que le confería un status económico bastante desahogado, algo que no era muy común en la Cantabria de la época. Respecto a la calidad profesional de los maestros de este periodo no debía ser muy elevada, puesto que las referencias documentales a ello son bastante comunes y los titulados por el rey eran minoría. Éstos solían agremiarse en la llamada Hermandad de San Casiano que, situada en Madrid, se encargaba de examinar y dar títulos a los maestros. Pero esta situación no se trasladaba a Cantabria, por lo que es fácil suponer que los profesionales de la enseñanza no tenían el suficiente nivel para que sus enseñanzas fuesen muy efectivas para el alumnado. Es importante destacar el hecho de que, en lo que se refiere al profesorado, se llegue la cifra de una treintena de docentes, aumento debido sin duda al continuo crecimiento en el número de alumnos oficiales – en ese curso 1956-57, un total de 324 – con lo que se supera el primer máximo de matrícula que se dio en el 1938-39 con 300 alumnos. Era evidente, pues, la necesidad de un mayor número de profesores para poder atender convenientemente al creciente número de estudiantes. No va a ser ésto una larga serie de citas anecdóticas sobre si tal o cual profesor tenía ésta o aquella manía, como es el caso de aquel docente de los primeros años que vigilaba sus exámenes de pie sobre los pupitres para tener, sin duda, mejor perspectivas,saltando de uno a otro al notar cualquier movimiento "sospechoso". O aquel otro que al empezar la explicación encendía un cigarrillo, pero se embebía tanto en su magisterio que solamente paraba de hablar cuando notaba una dolorosa quemazón en los dedos producido por el cigarrillo al que no había dado ni una sola chupada durante toda su disertación, con el consiguiente regocijo de los alumnos más atentos al avance del fuego por el cilindro blanco que a las palabras del distraído profesor. Como estas dos hay multitud de anécdotas, no en vano por el instituto torrelaveguense han pasado más de 600 profesores y muchos de ellos tenían curiosas manías que^dieron lugar a curiosas ocurrencias. Casi todas las esferas de lo cultural y científico han tenido su representación en el centro torrelaveguense. Dentro del mundo de las humanidades reseñemos tres nombres: Samuel Giíi Gaya, padre de la moderna lingüistica española. Felipe Ruiz Martín, pionero en España de la historia económica y Koldo Mitxelena uno de los mejores lingüistas españoles de la actualidad y máximo especialista del lenguaje euskera. Otros muchos pasaron y muy buenos, pero quizás estos tres fueron los que a través de los años han ejercido más influencia en sus respectivas áreas de conocimiento. Pero también en el mundo de lo científico, el instituto ha tenido excelentes representantes. Es el caso, por ejemplo, de Luis Thomas Ara, gran matemático español de la posguerra, autor de numerosos libros sobre el tema y director del centro durante algunos cursos. Asimismo hay que contar con Orestes Cendreros, uno de los mejores geólogos españoles de su época, y profesor del centro durante varios años. El mundo del arte no ha dejado olvidado el centro y han impartido en él lecciones de dibujo y pintura muy buenos artistas como Francisco Modinos, González Charines,José Cataluña o Demetrio Gascón, los cuales, entre las aulas del instituto, las de la Escuela de artes y Oficios o en sus estudios particulares han formado toda una pléyade de artistas de Torrelavega Por otro lado, sin desmerecer en absoluto de estos nombres tan destacados, hay que hacer mención de otra categoría de profesores que, sin ser menos capaces que los anteriores, han orientado su vida en otra dirección. Ellos son los que en realidad con su labor diaria han construido curso a curso el Instituto "Marqués de Santillana". Una labor silenciosa pero constante, no exenta de sinsabores pero sin duda también de alegrías ha hecho que durante medio siglo la juventud de Torrelavega y de otros lugares pudiera disponer de ciertas oportunidades y ventajas de gran valor cara a conseguir un futuro mejor. Hay que destacar en esta categoría a dos personalidades cuyo paso por el centro ha sido decisivo en todos los órdenes y, de hecho, lo que éste es en la actualidad se lo debe en gran medida a estos dos hombres. Nos referimos a D. Ramón Brotons y a D. 3osé* López Hoyos. En ellos dos se podría resumir los últimos treinta años de la historia del "Marqués de Santillana". Su preocupación por el edificio, compañeros y alumnos ha sido ejemplar. Ambos son el símbolo de una época en la que el instituto pasó de una etapa de postración a un despegue que llevó a Torrelavega a contar con el mejor instituto de la provincia en todos los órdenes y uno de los mejores de España, a juzgar por la fama que el centro cosechó. Pero otros profesores hicieron también de su docencia en el instituto una parte esencialísima de su vida. El caso más paradigmático es el propio D. David Ibañez MartínezConde que ha pasado durante su vida por todos los estadios , desde alumno del propio centro hasta el actual desempeño de la dirección del mismo. El 30 de octubre de 1984, se inició un paro de profesores en los que interviene casi el 70% de los docentes. La causa es la solidaridad que expresaban los huelguistas con los compañeros que tenían problemas de contratación. Casi 800 profesores han pasado por el «Marqués de Santillana» y han impartido en él su docencia. Todos ellos, en similar medida, han contribuido con su cotidiano trabajo a construir, sostener y desarrollar curso a curso una de las instituciones más queridas, influyentes e importantes de Torrelavega, amén de expandir su nombre y el de la propia ciudad por el resto del país en múltiples ocasiones. Sin el Instituto «Marqués de Santillana» no podría entenderse la historia de la ciudad. Algunos de sus alumnos han acabado siendo los dirigentes de Torrelavega y de la Comunidad Autónoma de Cantabria en los últimos años. Nos resulta muy grato el hacer mención a algunos de los casi 800 profesores que han pasado y actualmente imparten sus clases en el I.E.S. Marqués de Santillana: Listado de profesores del primer curso (1932-33). APARICIO FRÍAS, María Consuelo.
Claustro de profesores del Cincuentenario. ALONSO GONZÁLEZ, Inocencio.
Claustro de profesores del LXXV Aniversario. ÁLVAREZ CAREAGA, Tatiana |
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